EL AGUIJÓN DE LA CONSCIENCIA
Juan 8: 3-9.
La consciencia es el sentimiento interior por el cual una persona reconoce sus propias
acciones
(diccionario español). La Biblia presenta tres estados principales de
esta: el de corrupción (Salmo 10: 4; Juan 3: 19), el de alucinación (Job
27: 5; 1 Corintios 8: 7-12) y el normal (Hechos 24: 16; Hebreos 13:
18).
En
este espacio, he querido presentar una investigación acerca del proceso
que siguen los potenciales psíquicos, los cuales activan el aguijón de
la conciencia:
1. Estos son activados por cuestiones razonables (psicología).
Puede
usarse una alegoría, como en la forma que uso el profeta Natán para
confrontar a David con su pecado (2 Samuel 12: 1). Éste fue un trato
psicológico llamado "catarsis".
Puede
ser una ilustración, como sucede con Jonás y su calabacera (Jonás 4), o
como el relato de Jesús escribiendo en tierra (Juan 8). A este trato
psicológico, se le conoce como "psicoterapia".
2. Se expresa de diferentes maneras.
A veces se expresa en un estado de ironía; como en el caso de Caín cuando Dios le pregunta por su hermano Abel (Génesis 4:9).
Otras
veces se manifiesta por medio de alguna depresión; tal es el caso de
Jonás, al ver la misericordia inmensurable de Jehová en beneficio de los
ninivitas y posteriormente, al ver su calabacera en ruina (Jonás 4: 8).
Otras
veces provoca un estímulo de vergüenza; así sucedió a David, cuando
Dios reveló su pecado por medio del profeta Natán (2 Samuel 12: 13).
Otras
veces se expresa en una actitud de confusión, esto lo podemos ver en la
actitud de Amán durante la acusación de la reina Ester, en presencia
del rey (Ester 7: 6).
Además, otras veces también se manifiesta en un sentir de arrepentimiento (Hechos 2: 37).
3. También, producen malos o buenos resultados.
Entre
los malos resultados que produce el aguijón de la consciencia por medio
de los potenciales psíquicos, tenemos arrogancia, cobardía y confusión.
Entre los buenos resultados está el amor, la comprensión, la abnegación y la limpia conciencia (Salmo 103: 1-5).
Por
medio de lo anterior podemos pensar que el individuo puede tener buena
consciencia a través de una comunicación íntima con Dios, o puede tener
una mala conciencia, por el hecho de vivir lejos de Dios.
Como hijos de Dios, procuremos vivir cada día sintiendo el efecto de una buena conciencia.
CUANDO NUESTRA BARCA NAUFRAGA
Mateo 14: 22-24.
Los
naufragios en alta mar son fatales. Tal vez muy pocos tengamos una idea
o experiencia sobre esto; pero aunque así no fuera, podríamos
imaginarnos lo difícil que será quedarse flotando sobre las aguas
inquietas y profundas a gran distancia de la tierra firme.
En
la vida espiritual a menudo es así. Los grandes vendavales con
frecuencia amenazan nuestra Barca; vientos de temores, de confusión y de
desánimo, los cuales tenemos que enfrentar con astucia y valor,
creyendo en la presencia y el poder de nuestro gran supremo rey, quien
sigue diciendo a sus amados a través de todos los tiempos, "no temáis".
Tres cosas debemos hacer cuando nuestra Barca naufraga:
1. Debemos estarnos quietos.
Nuestra
quietud nos hará mantener el equilibrio que necesitamos para no
hundirnos fácilmente, ante las fuerzas amenazantes del mal.
Nuestra
quietud nos hará conducir confiadamente nuestro barco, en medio de la
infame y traidora tempestad. Tal vez en un momento nos sintamos
impotentes al mirar el vendaval enfurecido; pero en ese momento de
turbión, recordemos que alguien duerme a nuestro lado y a quien debemos
despertar.
2. Debemos sentirnos seguros. Dos cosas hacen los navegantes en una tempestad:
Bajar
la vela. Para nosotros, esto significa quedarnos en la deriva de la
misericordia divina. Hay más posibilidades de triunfar cuando nos
atrevemos a depender de Dios, que cuando echamos a andar nuestra fuerza.
Tirar las anclas. Espiritualmente, esto significa estar firmes; aún cuando las olas y los vientos, hostilmente nos provoquen.
3. Debemos animarnos mutuamente.
John
Harper, fue el héroe predicador en el naufragio del Titanic en 1912.
Aún que sin bote y sin salvavidas, animaba a las personas a aceptar a
Jesucristo, mientras flotaba sobre las aguas congeladas y profundas del
Atlántico.
Tal
vez podamos recordar la lección de San Pablo en el naufragio de hechos
22, de cómo el animaba a la gente, a estar confiados y tranquilos en
medio de aquella asombrosa e implacable tempestad. La pregunta de ahora
es: ¿podrá usted animar a otros estando en la misma condición?...
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El
hundimiento del Titánic provocó la pérdida de 1522 vidas. Esto fue,
debido a la falta de botes salvavidas; pero sobre todo, al congelamiento
de las aguas por causa de un enorme iceberg. Ahora dentro de la
Iglesia, hay vidas que se están congelando debido al iceberg de la
arrogancia, de la perversión por la prosperidad; pero aún en medio de
este caos, una voz resuena a cada oído, que dice: "no temas porque yo
estoy contigo".
Tal vez un día de estos su Barca comience a naufragar; si así fuera, recuerde quién está a su lado.
EL PRECIO DE LA PREPARACIÓN CRISTIANA
Romanos 9: 21.
La
escuela de la vida nos exige un perfil excelente como requisito de
admisión o ingreso. En la vida cristiana, parece que también es así;
pero obtener un nivel de preparación para ser eficientes en las
exigencias de la vida cristiana implica sacrificio, madurez y
convicción. Cuando Dios quiso explicar esto a su siervo Jeremías, lo
llevó a La casa del alfarero, para que viera cómo el barro podía tomar
una o varias formas, las cuales serían siempre de buena utilidad.
El
precio de la preparación, lo encontramos con clara transparencia en la
vida del patriarca José, que se halla en los últimos 14 capítulos del
Génesis. De acuerdo con esta experiencia puedo decir que el precio de la
preparación cristiana, tiene que ver con los siguientes literales:
1
-Reprobación familiar. La reprobación familiar se da cuando uno o
varios miembros de la familia, ya no piensan igual que los demás. Dicha
causa provoca indiferencia y rivalidad entre un mismo núcleo familiar, y
por ende, las familias se desintegran. José era diferente a sus
hermanos y en consecuencia, no podían tener ideas comunes, ni aun porque
habían recibido la misma educación. Sucede así también ahora; hijos que
salen de una misma familia, diferentes entre ellos y a causa de esto,
vienen a ser reprobados; ya sean los unos o los otros.
2
-Escasez e indigencia. La escasez empieza cuando caemos en el pozo de
la desesperación, y continúa, cundo somos entregados a espíritus
extraños, para ser llevados por sendas desconocidas, de tristeza y
confusión.
3
-Reprobación social. En José encontramos que el precio de la
preparación cristiana, incluye también la reprobación social. Él fue
reprobado por la mujer de Potifar y más tarde por las autoridades del
Estado, quienes le pusieron en la cárcel.
El
cristiano también es reprobado por los enemigos de Dios, quienes desean
vernos fracasar. Nosotros también debemos saber; que el mundo le llama
fracaso, a lo que para el cristiano es bendición. Por lo tanto, suframos
con paciencia mientras pagamos el precio de nuestra preparación; y
cuando aparezca el dueño de la iglesia, recibiremos la corona de la
vida.
Tal
vez lo anterior no sea del todo alentador; en verdad, no es lo que
nosotros quisiéramos oír, pero recuerde: nuestra confianza descansa en
que “Dios es nuestro amparo y fortaleza”, pero para adquirir nuestra
preparación como cristianos, tenemos que pasar por el desierto de la
prueba. En tal proceso, tal vez seamos lastimados, heridos o
destrozados; pero en esos momentos de cruenta agonía, el supremo
alfarero dará forma a nuestro existir.
5. EL VERDADERO CULTO
Juan 4:22‑26
Jesús había dicho a la samaritana
que las viejas rivalidades estaban a punto de desaparecer, y que estaba próximo
el día en que la controversia acerca de los respectivos méritos del monte Gerizim
y del monte de Sión sería irrelevante, porque el que buscara a Dios
sinceramente le encontraría en cualquier parte.
Los extranjeros que los asirios
llevaron a vivir en Samaria trajeron sus propios dioses (2 Reyes 17:29). Pero probablemente añadieron al Dios de Israel a la
lista de sus dioses, porque tendrían un temor supersticioso a excluirle; después
de todo, era el Dios de aquella tierra en la que entonces vivían, y podría ser
peligroso no incluirle en su lista de cultos. En los cultos falsos podemos detectar
tres faltas:
1. Un culto falso es selectivo: se queda con lo que quiere saber de Dios, y omite
el resto. Los samaritanos tomaban lo que querían de las Escrituras, y omitían el
resto: La religión es peligrosa; le es muy común aceptar y retener las partes
de la verdad de Dios que le convienen y pasar por alto el resto.
Haríamos bien en recordar que,
aunque sabemos que no llegaremos nunca a abarcar todo el orbe de la verdad,
debemos proponernos como objetivo la verdad total, sin conformarnos con los fragmentos
que nos convengan en nuestra posición.
2. Un culto falso es ignorante. El culto debe ser el acceso a Dios de la persona
total. Tenemos una inteligencia, y la obligación de ejercitarla. El dejar de
pensar a fondo las cosas importantes es ya en sí un pecado.
En último análisis, una
experiencia religiosa no está a salvo hasta que se puede decir, no sólo lo que
se cree, sino por qué se cree.
3. Un culto falso es supersticioso. Es un culto que se da, no por un verdadero
sentimiento de necesidad o por un deseo auténtico de hacerlo, sino solamente
porque la persona cree que sería peligroso no darlo. Hay personas cuya religión
se funda en una especie de temor impreciso de lo que les podría suceder si no
tuvieran en cuenta a Dios. Pero la verdadera religión se basa, no en el miedo,
sino en el amor de Dios y en la gratitud por lo que Dios ha hecho. Demasiada
religión no es más que una especie de superstición ritual para esquivar la posible
ira de dioses impredecibles.
Jesús define el verdadero
culto. Dios, dijo, es Espíritu: En cuanto uno se da cuenta de eso, un nuevo haz
de luz le envuelve. Si Dios es espíritu, no está limitado a cosas; y, por
tanto, el dar culto a una imagen es, no sólo un absurdo, sino también un
insulto a la verdadera naturaleza de Dios.
Si Dios es espíritu, no está
limitado a lugares; y por tanto,
limitar el culto de Dios a Jerusalén o a ningún otro sitio, es poner un límite
a alguien que por naturaleza, sobrepasa todas las fronteras.


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