¿QUÉ TENEMOS AQUÍ?
EL TRIÁNGULO DE LAS BERMUDAS
El Triángulo de las
Bermudas es un área geográfica con forma de triángulo equilátero, situada en el
océano Atlántico, entre las islas Bermudas, Puerto Rico y la ciudad
estadounidense de Miami (en el estado de Florida). Al unir estos tres puntos
con una línea imaginaria se forma un triángulo de unos 1600 a 1800 km de lado,
y una superficie de 1,1 millones de km² aproximadamente.
El término fue creado
en 1953 por varios escritores que publicaron artículos en revistas acerca de la
presunta peligrosidad de la zona.
Las embarcaciones que
viajaban a Europa pasaban continuamente por esta zona para aprovechar los
vientos dominantes y la corriente del Golfo. Luego, con el desarrollo de las
máquinas de vapor y los barcos con motores de combustión interna, gran parte
del tráfico del Atlántico Norte siguió cruzando (y todavía lo hace) a través
del área del llamado «Triángulo de las Bermudas».
La corriente del
Golfo, un movimiento superficial de las aguas del océano que trae aparejado un
tiempo muy inestable (con sus característicos huracanes), también pasa por el
triángulo al abandonar el mar Caribe. La combinación de un denso tráfico
marítimo y el tiempo tempestuoso pueden explicar la mayor parte de las
desapariciones alegadas.
Historia
La primera mención
documentada acerca del Triángulo de las Bermudas se hizo en 1950: Edward Van
Winkle Jones, periodista de Associated Press, escribió respecto a algunos
barcos perdidos en la zona de las Bahamas. Jones dijo que las desapariciones de
barcos, aviones y pequeños botes eran «misteriosas». Y le dio a esta zona el
apodo de «Triángulo del Diablo».
Dos años después, en
1952, George X. Sand afirmó en un artículo de revista Fate que en esa zona sucedían
«extrañas desapariciones marinas».
En 1964, el escritor
sensacionalista Vincent Gadis(en confianza) (1913-1997) acuñó el término
«Triángulo de las Bermudas» en un artículo de la revista pulp estadounidense
Argosy. Al año siguiente publicó el libro Invisible horizons: true mysteries
of the sea (‘Horizontes invisibles: los verdaderos misterios del mar’), donde
incluía un capítulo llamado «El mortal triángulo de las Bermudas».
Generalmente, Gaddis es considerado el inventor del término.
EL DILUVIO
El
agua siguió subiendo y subiendo. Por 40 días y 40 noches cayó agua del
cielo. Subió por las montañas, y pronto hasta las más altas quedaron
cubiertas. Tal como Dios había dicho, toda persona y animal que estaba
fuera del arca murió. Pero todo el que estaba dentro se salvó.
Noé
y sus hijos habían hecho un buen trabajo al hacer el arca. El agua la
levantó, y ella flotó por encima. Entonces, un día, cuando dejó de
llover, el Sol empezó a brillar. ¡Qué vista! Había solo un gran océano
por todas partes. Y lo único que se podía ver era el arca flotando
encima.
Ya
no había gigantes. No volverían para causar daño a la gente. Todos
habían muerto, junto con sus madres y la demás gente mala. Pero ¿qué les
pasó a sus padres?
Los
padres de los gigantes no eran en verdad gente humana como nosotros.
Eran ángeles que habían bajado a la Tierra para vivir como hombres. Por
eso, cuando vino el Diluvio, no murieron con la demás gente. Dejaron de
usar los cuerpos humanos que habían hecho, y volvieron al cielo como
ángeles. Pero ya no se les permitió ser de la familia de ángeles de
Dios. Se hicieron ángeles de Satanás. En la Biblia a estos ángeles se
les llama demonios.
Dios
ahora hizo que un viento soplara, y las aguas del diluvio empezaron a
bajar. Cinco meses después el arca quedó encima de una montaña. Pasaron
muchos días, y los que estaban dentro pudieron mirar afuera y ver la
cumbre de las montañas. Las aguas siguieron bajando y bajando.
Entonces
Noé dejó que un pájaro negro llamado un cuervo saliera del arca. Éste
volaba un rato y entonces volvía porque no podía hallar un buen lugar
donde quedarse. Siguió haciendo esto, y cada vez que volvía se posaba
sobre el arca.
Noé
quería ver si las aguas se habían escurrido de la tierra, así que
después mandó una paloma desde el arca. Ésta volvió también, porque
no encontró dónde quedarse. Noé la mandó por segunda vez, y ella volvió
con una hoja de olivo en el pico. Las aguas habían bajado. Noé envió la
paloma por tercera vez, y por fin ésta halló un lugar seco donde vivir.
Ahora
Dios le habló a Noé. Le dijo: ‘Sal del arca. Lleva contigo a toda tu
familia y los animales.’ Habían estado en el arca más de un año entero.
¡Imagínate lo contentos que estaban de estar afuera otra vez y vivos!
Génesis 7:10-24; 8:1-17;


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