lunes, 25 de febrero de 2019

oíd la voz de Jesús



OÍD LA VOZ DE JESÚS

Hebreos 12: 25.
Jesús nos habla todavía desde los evangelios… ¡Qué privilegio es oír su voz con tales mensajes! pero ¡Qué pecado tan cruel es rehusar escuchar a Jesús!
A. HAY NECESIDAD DE ESTA EXHORTACIÓN POR MUCHAS RAZONES:
1. La excelencia de la Palabra reclama atención obediente.
2. La prontitud por parte de Satanás para impedirnos recibir la Palabra divina.
3. Nuestra propia mala disposición a recibir lo santo, el mensaje celestial.
4. algunos lo han rechazado ya por mucho tiempo…
B. HAY MUCHAS MANERAS DE RECHAZAR AL QUE HABLA:
1. No escuchándole. Actuando con irreverencia y apatía a la lectura de la Biblia y la predicación.
2. Rehusando creer. Creyendo intelectualmente, pero no con el corazón. Ofendiéndonos, enojándonos contra el Evangelio, despreciando su lenguaje sencillo; oponiéndonos a la honesta reprensión personal de los hermanos que desean nuestro bien.
C. LAS CAUSAS DE ESTE REPUDIO.
1. Pretensión de propia sabiduría, demasiado orgullo para escuchar la voz del Señor.
2. Odio a la santidad y a todo lo que es bueno.
3. Temor del mundo, escuchando sus amenazas, ofertas o halagos que nos impiden y hacen temer de hacer lo recto. La pereza que exclama: «Mañana», pero significa: Nunca.
D. LA RUINA QUE NOS AMENAZA SI RECHAZAMOS A CRISTO.
Aquellos a quienes Moisés habló desde la tierra y no escucharon, no pudieron escapar.
Recordemos su ruina y aprendamos que igual y segura destrucción ocurrirá a todos los que rechazan a Cristo: Faraón y los egipcios. Los murmuradores que murieron en el desierto: Coré, Datan y Abirán.
Conclusión. Veamos algunos que perecieron en el período de la iglesia: Judas, Ananías y Safira, etc.
Veamos cómo perecerán los que permanecen en el mundo y rehúsan dejarlo para unirse al rebaño de Cristo. No escaparon por aniquilación, ni mediante el purgatorio. Hemos hecho con la Palabra de Dios como si entrara por un oído y saliera por el otro; pero debemos recordar que la palabra que hemos oído y no hemos cumplido es la que nos juzgará en el último día.
Recordemos la parábola del rico y Lázaro…

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