EL TIEMPO DE DIOS
Juan 11: 3-6.
En
más de alguna vez que hemos tenido emergencia de auxilio divino y
cuando a Dios hemos clamado, sólo se ha dejado sentir un eterno silencio
en respuesta a nuestra agonía inexorable.
Dios
que siempre ha sido nuestro pronto auxilio, a veces sus propósitos han
sido ajenos a los nuestros y en su infalible voluntad, sólo hace lo que
él quiere y tiene ganas de hacer (Daniel 4: 35).
Alguna
vez usted se ha preguntado ¿adónde estaba Dios cuando Caín asesinó a su
hermano; cuando Jeremías fue encarcelado; cuando Juan el Bautista fue
decapitado o cuando Jesucristo fue crucificado? ¿Adónde estaba Dios en
tiempos de la inquisición; cuando la sangre de los mártires cristianos
corría por las calles, como corre el agua después de una tormenta?
Difícil resulta a veces explicar cuál es en realidad, el tiempo de Dios;
pero veamos lo que sigue:
1
-En primer lugar, el tiempo de Dios no siempre es nuestro tiempo. Casi
nunca entendemos esto. Por esta causa es que nos llenamos de ansiedad
cuando llega el día malo. Para Dios, esto siempre tiene sentido; no así,
para nosotros.
Si
Ezequías hubiera entendido esto, no se habría opuesto a la voluntad de
Dios y se hubiera evitado muchas dificultades futuras (Isaías 38: 1-3). A
veces Dios parece olvidarse de nosotros. Así le pareció a David,
mientras huía constantemente de la presencia del enemigo (Salmo 22:
1-2).
2
-En segundo lugar, debemos saber que a veces no todo lo que hacemos nos
conviene. Mi abuelo nació en el año de 1901, era originario de Izalco, y
murió a la edad de 89 años. Pero él contaba que en el comunismo de
1932, eran multitudes de personas las que salían huyendo, para escapar
de la mortandad; sin embargo, muchos de ellos murieron. Pero de los que
se quedaban encerrados en sus casas, la mayoría sobrevivió. También me
acuerdo de una noticia de un accidente de tránsito, en la que se reportó
el fallecimiento de una persona; los testigos sobrevivientes, decían
que todos sobrevivieron milagrosamente, a excepción del occiso, quien
por el ansia de escapar de la muerte, saltó del vehículo, muriendo al
instante por causa del impacto. Así es; a veces hacemos cosas que no nos
convienen.
El fracaso de Balaán, consistió en la insistencia de querer hacer su propia voluntad, en oposición a la voluntad de Dios.
3 -En tercer lugar, debemos recordar que Dios es soberano.
En
su soberanía, protege a quien él quiere proteger (Daniel 3: 17-18).
Salva a quien él quiere salvar (Romanos 9: 15-16). ¿Y quién puede
altercar o discutir con Dios?
A
nosotros como hijos de Dios, nos toca pedir y esperar en él; si tarda,
debemos aún, seguir esperando; si no nos responde, tal vez moriremos
esperando; en tal caso, no olvide que “el que cree en él, aunque esté
muerto vivirá”.
Por
tanto, afirmemos nuestra fe cada día, no por lo que él nos puede dar;
“porque ya sea que vivamos o que muramos, somos del Señor”.
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